El 10 de septiembre, Iztapalapa ardĂa. Una pipa cargada con 49,500 litros de gas LP habĂa explotado en el Puente de la Concordia, levantando una columna de fuego de más de 30 metros. El caos era absoluto: gritos, cuerpos quemados, ambulancias bloqueadas, familias desgarradas buscando a sus seres queridos. Todos corrĂan para salvarse. Todos… menos uno.

Edson MartĂnez encendiĂł su moto y fue directo al infierno. “Vi a señoras llorando que no podĂan llegar al hospital por el tráfico”, cuenta. Mientras la ciudad colapsaba, Ă©l se convirtiĂł en un ángel de acero sobre dos ruedas.

Ida y vuelta, con el humo tĂłxico cegando el camino y explosiones secundarias tronando a su alrededor, Edson cargĂł en su moto a madres desesperadas, esposos heridos, hijos en shock. Los llevĂł al Hospital Iztapalapa, al Magdalena de las Salinas, al Regional Zaragoza. Su moto se volviĂł la Ăşnica ambulancia que podĂa atravesar el caos.
La tragedia dejó 4 muertos y 90 heridos — muchos con quemaduras de tercer grado —, hospitales saturados, vialidades cerradas y el Metro suspendido. Pero en medio del colapso, surgió una chispa de humanidad.

“Yo no podĂa quedarme viendo nada más”, dice Edson, con la voz firme de quien arriesgĂł su vida sin pedir nada a cambio. Mientras otros huĂan, Ă©l se lanzĂł contra el fuego. Mientras la negligencia de una empresa sin seguros vigentes convertĂa la ciudad en un cementerio, un motociclista anĂłnimo se transformaba en el hĂ©roe que nadie esperaba, pero todos necesitaban.
❤️ En los momentos más oscuros de la CDMX, Edson MartĂnez nos recuerda que los verdaderos hĂ©roes no llevan capa ni uniforme. Llevan un corazĂłn que late más fuerte cuando la tragedia intenta apagarlo todo.