La tragedia que partió a México en dos sigue escribiendo capítulos de horror y esperanza. Doña Alicia Matías, la mujer que se convirtió en símbolo de amor absoluto al lanzarse como escudo humano para salvar a su nieta de 2 años durante la explosión de la pipa en Iztapalapa, aún respira. Su cuerpo, devastado en un 98% por quemaduras, yace conectado a máquinas en la terapia intensiva del Hospital Magdalena de las Salinas. Para los médicos, su caso es “casi imposible”. Para su familia, es una batalla divina: Alicia no se rinde.
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Las redes estallaron con rumores sobre su fallecimiento, pero su hija, Rosa Isela, salió a desmentirlo entre lágrimas: “Mi mamá sigue luchando. No sé qué ganan publicando mentiras.” Con la voz rota, confirmó lo que los doctores murmuran en pasillos fríos: que la vida de Alicia pende de un hilo, pero que su corazón late con la misma furia con la que cubrió a su nieta mientras las llamas devoraban todo.
Su hermana Sandra, aferrada a la fe, lanzó un grito al país: “Los milagros existen, y sé que mi hermana va a salir. Ella es una guerrera.” Sus palabras resuenan en miles de mexicanos que encienden veladoras, rezan y comparten el rostro de Alicia, ya convertida en un ícono popular de heroísmo y sacrificio.

Mientras Alicia pelea por cada aliento, la pequeña Azuleth, de apenas dos años, enfrenta su propia guerra en el Hospital Siglo XXI. Su cuerpecito sufrió quemaduras en el 60% — rostro, brazos, piernas marcados para siempre por el fuego. Esta mañana fue operada de emergencia. Contra todo, los médicos aseguran que su vida ya no corre peligro inmediato. Su recuperación será larga, dolorosa, pero posible. Y eso solo fue posible porque su abuela se interpuso entre ella y el infierno.
La escena del 10 de septiembre sigue atormentando a quienes estuvieron allí: una pipa cargada con 49,500 litros de gas LP que se volcó y explotó bajo el Puente de la Concordia, levantando llamas de más de 30 metros. Gente corriendo, gritos desgarradores, cuerpos abrasados, autos calcinados. En ese apocalipsis urbano, mientras muchos huían, Alicia abrazó a su nieta y se arrojó sobre ella, convirtiéndose en carne ardiente para salvarla. Ese acto la quemó casi por completo… pero también convirtió a Azuleth en sobreviviente.
Hoy, entre tubos, respiradores y piel carbonizada, Alicia está suspendida en un limbo entre la vida y la muerte. No responde, no habla, pero sigue allí. Sus familiares aseguran que cuando entran a verla, sienten que escucha, que aguanta, que todavía pelea.

🙏 México entero la llama ya “La Abuela Héroe”. Su historia atraviesa barrios, hospitales, iglesias y redes sociales. Miles oran, otros exigen justicia contra la empresa Tomza/Silza, responsable de circular una pipa sin seguros vigentes que se convirtió en bomba rodante. Todos, en silencio o en voz alta, esperan lo mismo: que Alicia resista lo imposible, que regrese, que nos demuestre que aún en el dolor más atroz, el amor puede ganar.
Hoy no sabemos si Alicia vivirá para contar lo que hizo. Pero sí sabemos algo: su nombre ya es leyenda. Su sacrificio, su fuerza y su fe quedarán grabados como uno de los actos de amor más estremecedores que México haya visto.
🕯️ Alicia Matías sigue luchando. Entre la vida y la muerte, desafía al fuego, al destino y a las estadísticas. Y todo por un amor más fuerte que el infierno mismo.