El mundo del rock se tambalea después de que Roger Hodgson, exintegrante de Supertramp, rompiera el silencio en un conmovedor video tras la discreta muerte de su compañero Rick Davies. Sin homenajes, sin despedidas públicas, sin tributos masivos… Davies se fue en silencio. Pero ahora Hodgson ha revelado la verdad: su relación, que alguna vez fue el corazón del rock progresivo, se rompió por años de distancia, orgullo y palabras jamás dichas.

Visiblemente afectado, Hodgson confesó que la mayor tragedia no fue perder a Rick, sino el silencio venenoso que creció entre ellos como una sombra. “Teníamos el mundo en nuestras manos, pero nos perdimos el uno al otro”, admitió. Y entonces llegó la revelación más dolorosa: Davies, antes de morir, dejó una carta a su esposa en la que confesaba que extrañaba profundamente a Hodgson. Esas palabras, descubiertas demasiado tarde, destrozaron a Roger, dejándolo hundido en un mar de arrepentimiento.
Su viaje comenzó en 1969, un encuentro decisivo de dos opuestos: Hodgson, el soñador con una voz celestial, y Davies, el genio terrenal con su esencia blues. Juntos crearon álbumes inmortales como Crime of the Century y Breakfast in America, moldeando la banda sonora de toda una generación. Pero detrás del telón de la fama mundial, el resentimiento, el miedo y los egos levantaron un muro invisible que jamás lograron derribar.

En 1983, Hodgson se marchó, y aunque los fans soñaban con una reunión, décadas de orgullo los mantuvieron separados. Incluso cuando a Davies le diagnosticaron mieloma múltiple, la urgencia por reconciliarse llegó demasiado tarde. Hodgson reveló que intentó acercarse, desesperado por cerrar la brecha, pero la respuesta nunca llegó. “El tiempo se nos acabó”, dijo con la voz entrecortada.
Ahora Rick Davies ya no está, y Hodgson debe cargar con una verdad insoportable: la música que crearon juntos vivirá por siempre, pero su amistad quedó inacabada, irresuelta. Fans de todo el mundo inundan las redes sociales con homenajes, describiendo a Davies no solo como un genio musical, sino también como un alma compleja y herida.
En un concierto reciente, Hodgson interpretó “Goodbye Stranger” con lágrimas corriendo por su rostro. Fue más que una canción: fue la despedida de un hermano al que perdió mucho antes de la muerte, y un intento desesperado por cerrar una herida que nunca sanará del todo.
👉 Esta revelación es más que historia del rock. Es un recordatorio estremecedor del costo del silencio, de las palabras no dichas, de la fragilidad de los lazos humanos. Rick Davies tal vez partió sin adiós, pero su legado —y el amor no expresado entre dos hombres que cambiaron la música para siempre— resonará por generaciones.