México entero está en shock. Activistas de derechos animales denunciaron que Jesús Nava, alcalde morenista de Santa Catarina (Nuevo León), dio la orden directa de dejar morir de hambre a los perros del Centro de Bienestar Animal y luego sacrificarlos en masa para “ahorrar presupuesto”.
La acusación es brutal: según el activista Alex Ventura, el alcalde dijo sin rodeos: “No los alimenten más, no hay dinero… en un mes que se vean en los huesos me duermen a todos.”
Cuando el gobierno estatal inspeccionó el lugar el viernes, encontró un escenario digno de una película de terror: 79 perros famélicos, deshidratados y abandonados, encerrados en jaulas sin agua ni alimento. Imágenes desgarradoras muestran a los animales reducidos a piel y huesos. Activistas aseguran que al menos 70 perros completamente sanos fueron sacrificados antes de la clausura, en un intento desesperado de encubrir el maltrato con diagnósticos falsos de enfermedad.
Lo más indignante es que estos perros habían ingresado en perfecto estado de salud tras ser rescatados de las calles. El “centro de bienestar” que debía protegerlos se convirtió en una fosa de crueldad: semanas sin comida ni agua, muertes por inanición y luego la inyección letal para ocultar el crimen.
El gobernador Samuel García reaccionó de inmediato y prometió “MÁXIMA SANCIÓN Y QUERELLA PENAL” contra los responsables. Sin embargo, el alcalde Nava, entre negativas y evasivas, se limita a decir que la clausura fue por “temas administrativos”, mientras prepara el evento del Grito de Independencia como si nada hubiera pasado.
México ocupa ya el TERCER lugar mundial en maltrato animal, y el caso de Santa Catarina amenaza con convertirse en el símbolo más atroz de esa estadística. En redes sociales, el clamor es unánime: cancelar el evento del Grito, destituir al alcalde y hacer justicia por los perros sacrificados.
Este no es un simple caso de negligencia. Es un retrato escalofriante de cómo la indiferencia y la corrupción pueden convertir a los supuestos protectores en verdugos.
